La “paradoja francesa”

¿Paradoja? Sí, porque a iguales niveles de colesterol en sangre, los franceses tiene un nivel de mortalidad dos o tres veces menor que el de los norteamericanos por enfermedades cardiovasculares. Esto es atribuido, en forma general, al consumo de vino, ya que en Francia se ubica entre los primeros consumidores per cápita del mundo. A partir de ahí la atención fue dirigida a los componentes no alcohólicos del vino y al análisis de los taninos (sustancias naturales, astringentes y amargas contenidas en los hollejos). El hollejo de las uvas tintas contiene un amplio rango de compuestos fenólicos, flavonoides y resveratrol que tienen la gran capacidad de inhibir el “colesterol malo” (LDL) que una vez oxidado pasaría a formar una placa (ateroma) en la pared de las arterias. Recientemente se ha descubierto que el resveratrol es capaz de estimular las sirtuinas, unas enzimas que regulan el envejecimiento de todos los seres vivos, por lo que el consumo moderado de vino puede también ayudar a retrasar el envejecimiento y prevenir enfermedades genéricas como el mal de Alzheimer.

En estos últimos años, en diferentes foros médicos internacionales y a través de la Organización Mundial de la Salud, se ha dicho que el consumo moderado de vino, sobre todo de tintos, es beneficioso para salud, ya que disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Como moderado se considera un consumo diario de aproximadamente 350 centímetros cúbicos por persona, es decir, dos copas de vino.

Fuente: El vino, una pasión para todos

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