Los vinos rosados

El vino rosado es un vino tinto con poca maceración. El vino tinto tiene ese color porque se maceran los hollejos de las uvas negras, que contienen el “colorante”, junto con el jugo de las mismas. De esa manera el jugo, amarillento, se “tiñe”. Ahora bien, si la maceración dura veinte días el color será intenso (vino tinto), si es de un día, apenas tenue, dando como resultado un vino rosado. Este es el único vino rosado auténtico. La mezcla de blanco y tinto, que existe para bien o para mal, según el resultado del caso, dará otro vino que, de ninguna manera, puede llamarse “vino rosado”. Por ejemplo, el Champagne rosado es fruto de un corte, es decir que a la base de blanco Chardonnay se la colorea con el agregado de tinto Pinot Noir o Pinot Meunier. Este procedimiento, que debiera ser una exclusividad de dicho vino, es utilizado lamentablemente en otros.

Las tonalidades del vino rosado son muchas y sutiles. Dependen de la variedad de la uva, el tiempo de maceración y los deseos del elaborador.

Es interesante destacar que el nombre francés, rosé, se ha generalizando bastante en todo el mundo. También suele agregarse el nombre del cepaje utilizado, rosado o rosé de Cabernet, Malbec, Merlot.

No podemos negar que el rosado es un vino “difícil”, porque está lleno de sutilezas en el aroma, el sabor, el color. No es de fuerte intensidad en ninguno de dichos aspectos, sino que cada uno debe ser apreciado básicamente por sus matices.

Pruébelos como aperitivo, con arroz, con pollo o mariscos, con pastas con salsas de tomates, o con vegetales.

Como referencia, la temperatura de un vino rosado debe ser inferior a la de un vino tinto (16/18º) y superior a la de un blanco (8/10º).

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