Vinos tintos sin madera

En estos últimos años aparecieron vinos tintos de precio módico, de marcas muy reconocidas, de cosechas recientes, y de respetable calidad.

Reunir estas 4 condiciones parecería imposible, teniendo en cuenta la formación tradicional del consumidor, que aprecia la edad y el estacionamiento como sinónimo de buen vino. Lo cierto es que existen, gracias a las transformaciones que se produjeron en la industria vitivinícola. La introducción de tecnologías modernas en todo el proceso, desde la recolección de los racimos, separación de granos y escobajos, prensado, fermentación, filtrado, y finalmente embotellado, permiten ahora esta temprana realización.

Esto no quiere decir que los que pasan por madera no sean mejores. Que sí lo son, y mucho. Pero aquí también hubo cambios, ya que en la actualidad sólo se utilizan barricas de roble, de altísimo costo, y corta vida útil, lo que cada vez se refleja más en el precio.

Estos tintos jóvenes se libraron entonces de su carga histórica, al mismo tiempo que de su aspereza. Hasta parecen tener sabor a madera. Es que tienen madera. Otra vez la tecnología haciendo magia: invertimos el proceso, y en lugar de guardar el vino en madera, ponemos madera en el vino. Sí, las astillas de roble o chips se sumergen dejando el agradable aroma y sabor. Es un secreto a voces. Pero en las bodegas son renuentes a admitir su uso. Es casi como una mala palabra.

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